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Ortiga: el mejor reconstituyente natural

La ortiga es despreciada por su acción irritante, pero reúne numerosos atributos curativos que la convierten en una de las plantas más útiles para aliviar problemas de debilidad, anemia, hipertensión o trastornos urinarios.

La mala fama de la ortiga se debe a su alto efecto irritante sobre la piel cuando la rozas al pasar y que produce una sustancia que contienen sus pelos urticantes: la acetilcolina. Pero como muchos expertos y aficionados de la etnobotánica saben, esta planta es todo un tesoro medicinal, que aporta numerosos beneficios para nuestra salud y que también constituye un ingrediente muy válido para enriquecer nuestra cocina o para desarrollar productos cosméticos.

¿Cómo es y dónde se encuentra la ortiga?

La ortiga mayor Urtica dioica L. es una planta herbácea muy poco llamativa, que puede elevarse entre 50 y hasta 170 cm del suelo. Presenta las hojas ovado-lanceoladas, puntiagudas, con los márgenes doblemente aserrados, con las flores, de tonos rojizos, agrupadas en panículas colgantes o erectas.

Florece durante la primavera y todo el verano y aparece de forma abundante en riberas, barrancos, descampados, escombreras, desmontes y herbazales muy alterados y con mucha presencia orgánica. Se encuentra por toda Europa como planta autóctona, pero también como planta foránea en muchos países de Norteamérica y Sudamérica.

De la ortiga se cosechan las sumidades florales, frescas o bien ya secas, y también semillas, tallos y raíces, de esta especie y de la afín ortiga menor Urtica urens, igualmente abundante. Se deben dejar secar a la sombra, en un espacio alejado de fuentes de calor y se conserva troceada para infusión. La ortiga fresca se debe consumir en el día o bien congelarla.

Principios activos de a Ortiga

La composición química de la ortiga está bastante bien estudiada y destaca ante todo por su poder remineralizante y vitamínico. A continuación resumimos sus principales principios activos y valores nutricionales:

– Numerosas sales minerales (hierro, calcio, sílice, potasio, sodio, azufre, manganeso, fósforo).
– Vitaminas A, del grupo B y C, betacarotenos.
– Clorofila en las hojas.
– Flavonoides, derivados del kenferol y quercetol.
– Fitoesteroles en hojas y raíces.
– Ácidos orgánicos (cafeico, fórmico, gálico, clorogénico).
– Histamina, serotonina, acetilcolina, ácido fórmico en los pelos urticantes o tricomas.
– Mucílagos, ácido linoléico, sobre todo en las semillas.
– Lectina, fenilpropanos, ceramidas, lignanas y taninos en las raíces.
– Polifenoles, polisacáridos y aglutinina también en las raíces.